En Memoria del
Contralmirante Carlos Hugo Robacio
a 1 año de su fallecimiento
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| Robacio, durante un adiestramiento de 1981 con el BIM5, antes de la guerra por las Malvinas (1982). |
Durante la guerra por las Islas Malvinas hubo desempeños excepcionales
de la Armada Argentina. Entre ellos, el del Batallón de Infantería de
Marina Nº 5 (BIM5), comandado por el entonces capitán de fragata Carlos
Hugo Robacio, nacido en Corrientes en 1935 y fallecido en Bahía Blanca
el pasado 29 de mayo de 2011.
Tal fue el desempeño de ese Batallón, que los jefes militares británicos
pidieron conocer al comandante de esos hombres que se asemejaban a
“demonios tirando”; al comandante de esos hombres que no pudieron hacer
retroceder..
Con el tiempo, ya con el grado de contralmirante y en situación de
retiro, Robacio repasaría una y otra vez su experiencia al frente del
BIM5, llegando a redactar el libro "Desde el frente", que recorre los más
de 70 días que estuvo con su Batallón en las Malvinas, sus percepciones,
experiencias y detalles de aquellos momentos de gloria y dolor.
“Había llegado la orden de repliegue. Sobre nuestras posiciones caían
1.000 proyectiles de obuses por hora, además del bombardeo naval, más
los aviones y los helicópteros. Era tremendo. También recuerdo que en el
momento de decidir el contraataque, llamo a los oficiales de mi Estado
Mayor y les cuento mi plan. Ellos se miran entre sí. No dicen nada.
Cumplen. Pero después del 14 de junio, a mí me había quedado una duda:
¿por qué se miraron entre ellos? Un día se los pregunté. Me dijeron que
pensaban que yo estaba loco. Entonces seguí preguntando: ¿Y ustedes qué
hubieran hecho, aún así? 'Hubiéramos cumplido la orden', dijeron. Eso
era el BIM5”, contó Robacio.
Retroceder, nunca
Como comandante del Batallón de Infantería de Marina Nº 5, el capitán
Robacio estuvo a cargo de los hombres que se negaron a retroceder en
Malvinas. Comandó a 700 infantes de Marina (entre personal de cuadro y
conscriptos) y alrededor de 200 soldados del Ejército Argentino durante
los combates desarrollados en el monte Tumbledown, Sapper Hill y monte
William. Allí enfrentaron a 2 batallones de paracaidistas ingleses, a la
guardia real inglesa y a los gurkas. Lo hicieron hasta agotar toda su
munición.
“Fue el primero en llegar y el último en irse de Malvinas”, recuerda el
suboficial mayor Carlos Sini, quien en aquel entonces era cabo segundo
del batallón de Robacio.
Con su mirada puesta en el recuerdo, asegura que no olvidará la figura
del comandante pidiendo el alistamiento para ir al frente de batalla.
“Estábamos desplegados haciendo nuestra segunda o tercera salida al
terreno. Cubríamos desde Hito I, en el extremo norte de Tierra del
Fuego, hasta la cabecera del lago Fagnano, en el centro. Se ordenó el
repliegue del batallón y nos reunió a todos en la plaza de armas. Pidió a
la gente que no se desaliste, que en menos de lo que pensábamos
tendríamos que estar en Malvinas. Nos habló de muerte y de heridos. Dio
opción. Todos elegimos ir”, relata Sini.
El pasaje a la isla comenzó por aire en la madrugada de 7 de abril de
1982. Al otro día estaban todos en Malvinas y no hubo que esperar mucho
para el bautismo de fuego.
"Si exigía sacrificios, era el primero en sacrificarse."
"
El 1º de mayo sucedió el primer ataque británico y en ese momento
—recuerda
Sini—
el capitán Robacio utilizó el sistema de radio y dijo
'la guerra ha llegado. El enemigo está presente. Les deseo suerte a
todos'. Esa noche el batallón tuvo su primer muerto."
Robacio recorrió todas las posiciones del batallón durante los 72 días
que estuvieron desplegados. No estaban cerca; había 10 o hasta 12
kilómetros entre ellas. Pero él estuvo al lado de su gente en todo
momento. "
Si exigía que caminen, era el primero que caminaba. Si exigía
sacrificios, era el primero en sacrificarse; fue un líder por
naturaleza”, cuenta
Sini.
Y es que el ejemplo es la mejor forma de asumir y ejercer el liderazgo
en el combate. Los Infantes de Marina sabían del riesgo al que estaban
expuestos, su comandante se los había dicho, debían estar en el terreno
frente a un enemigo más grande. Por ello la labor de
Robacio mereció el
reconocimiento enemigo, porque es en la total desventaja capaz de
desmotivar a cualquier hombre donde se torna fundamental la orientación
del líder. Su voz cohesiona corazones, moviliza voluntades, da valor en
momentos en donde todo se desploma. Los resultados dan apenas un ejemplo
del talento y determinación del entonces
capitán Robacio: 16 muertos y
105 heridos contra más de 350 caídos de las fuerzas británicas.
Pero también sus palabras dieron otro ejemplo, años después, vinculadas a
la humildad con la que un hombre de su desempeño vivió a pesar de las
glorias obtenidas: "
Yo no soy ni bravo ni valiente ni nada por el
estilo. Soy un hombre común. Tengo miedo cuando cruzo la calle. Pero en
Malvinas no pude tener miedo. No pude tenerlo porque creo que Dios no me
dejó tenerlo, y la preocupación por mis hombres, su entrega, obviamente
no me podían permitir el privilegio de tener miedo", declaró alguna vez
el
almirante Robacio.
Condujo estoicamente a sus hombres en todo momento y quienes fueron
parte de aquel feroz batallón marcaron a fuego en su memoria cada acción
del comandante. “É
l siempre nos llevó al límite en tiempos de paz. Nos
fue formando y forjando. Sabía que teníamos que estar preparados para
algo más duro, ver morir al camarada al lado y seguir peleando –dice
Sini en un tono reflexivo–.
Supo conducir a su gente y no titubeó cuando
tuvo que ponerla en combate.”
El BIM5 soportó durante más de 40 días
el fuego naval y de artillería sobre sus posiciones. Defendió hasta la
última piedra agotando toda su munición.
De igual manera, el
suboficial mayor de Infantería de Marina
Daniel
Benítez,
cabo segundo en aquel momento, recuerda a
Robacio como un
comandante que, pese a todas las inclemencias, siguió combatiendo y
contraatacando. De carácter firme pero siempre al lado de la tropa.
“
Dado su accionar fue admirado por comandantes gurkas y galeses y
reconocido por el Ejército Argentino y demás fuerzas”, concluyó
Benítez
quien participó del conflicto como miembro del
BIM5 en la zona de Sapper
Hill.
Fue como un padre para muchos
Carlos Robacio dejó —además de su familia compuesta de su mujer
Estela,
sus 2 hijos
Carlos y
Edda y sus 5 nietos— a un puñado de hijos que lo
adoptaron como un referente de la vida, ya que muchos de sus hombres
llegaron a considerarlo un segundo padre. Y también
dejó un legado para
los
oficiales y
suboficiales de la
Infantería de Marina:
la necesidad
del adiestramiento. Es esa preparación para el combate lo que une al
espíritu actual del
BIM5 con el de los héroes de Malvinas.
Entre sus laureles se encuentra la
condecoración de la
Nación Argentina
al Heroico Valor en Combate; la del
Congreso de la Nación a los
Combatientes de Malvinas; y las del Ejército Argentino “
Orden a los
Servicios Distinguidos” y al “
Merito Militar” en grado de Comendador.
También le dieron las medallas “
Cruz Peruana al Mérito Naval” y “
La
Legión al Mérito” en grado de Comandante de la República del Perú.
Pero quienes lo conocieron dicen que el valor más alto en sus 76 años
fue el afecto de su gente, de los compatriotas que volvieron con él y de
los familiares de los héroes que quedaron en las islas. No dejó a nadie
atrás en la batalla.